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El Santo Rosario

Misterios Dolorosos

Se Contemplan los días Martes y Viernes

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Para su conveniencia marque cada cuadrito después de haber meditado cada una de las oraciones.

Este audio es parte de la coleccion: Ourmedia

Autor: Teofilo de Jesus
Creative Commons license: Attribution-NonCommercial-NoDerivs

SEÑAL DE LA CRUZ

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. +En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

SÍMBOLO DE LOS APÓSTOLES

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca mas pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

PADRENUESTRO...

3 AVEMARÍAS

GLORIA AL PADRE...

Oh Jesús mio, perdónanos nuestros pecados, sálvanos del fuego del infierno y guía todas las almas al Cielo, especialmente aquellas que necesitan más de tu misericordia.

1er. MISTERIO DOLOROSO LA ORACION DE JESUS EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS CONTEMPLAMOS LA AGONIA DE JESUS Lc. 22, 39-46

Te pedimos la virtud del sacrificio y de la Mortificación.  La gracia de beneficiarnos plenamente de las oraciones de Jesús, en especial de esta, hecha en el Huerto de los Olivos, y así seamos contemplativos con Él.

En el huerto de los olivos de Getsemaní, Jesús deja a los suyos y se interna en la maleza con sólo tres discípulos para la agonía que está por comenzar:  Pedro, Santiago y Juan.  Los que conocieron la gloria del Tabor, tendrán también la hombría de reconocer al Hombre - Dios en este ser triturado por ansias de muerte.  Al entrar en el olivar comenzó a entristecerse y angustiarse y les dijo:  “Triste está mi alma hasta la muerte;  quedaos aquí y velad conmigo”.  (Mt 26: 36 – 37) “Atención que el enemigo no duerme.  Es la hora de las tinieblas.”

Así alertados, el Señor se adentra más, hunde sus rodillas y su cara en el suelo.  Su espíritu se debate en un piélago de amarguras y aflicción.  Es de noche.  El silencio está lleno de sombras atormentadas.  La luna parece inyectada de sangre.  El viento azota los árboles y estremece los huesos.  La  naturaleza turbada, llora un secreto espanto.  Ante los dulces ojos de Jesús, se yergue un cuadro más pavoroso.  Todos nuestros pecados están ante su vista, hasta en sus más insignificantes detalles.  Ve la vulgaridad de los que los cometen.  Pondera el ultraje hecho a la Divina Majestad.  Mide todas las infamias, todas las obscenidades, todas las blasfemias que manchan los corazones y los labios creados para cantar la Gloria de Dios.  Marca los sacrilegios que deshonran a sacerdotes y fieles.  Contempla el abuso monstruoso de los sacramentos que ha instituido para nuestra salvación y que pueden convertirse en causa de nuestra condena.  Y se siente constreñido a vestirse de ese barro fétido de la corrupción humana.  Y de esta suerte debe presentarse delante de la santidad del Padre.  Debe expiar uno a uno todos los pecados y devolver toda la gloria robada.  Para salvar al pecador, debe El descender a la sentina de todos los vicios.El sufrimiento es terrible; sobre la frente de Jesús se ven a manera de perlas, gotas de sudor rojo.  De pronto se abren todos sus poros del cuerpo… y suda sangre que corre hasta la tierra.  (Lc. 22: 44)  Jesús dice:  “Padre mío, todo te es posible; aleja de mi este cáliz; mas no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres Tú.     (Mc. 14: 36)  Jesús llega con un supremo esfuerzo hasta sus discípulos y los encuentra dormidos.  (Mc. 14: 37)  La tristeza se ahínca en su corazón.  Dejándolos de nuevo se va a orar por tercera vez.  Jesús nada les dice.  Prefiere no comunicar a nadie toda la amargura de este abandono.

Jesús retorna al santuario de su oración, aniquilado, torturado por la más honda tristeza de la soledad.  Pretende arrodillarse y cae por tierra.  Se siente vencido por una angustia mortal y su plegaria vibra por todos sus poros.  Y entre las gotas de su divina sangre, se eleva la reparación hacia la justicia agraviada, la purificación de todas las almas mancilladas por el pecado.

Terminada la oración, resuenan los pasos en la oquedad silenciosa de la noche.  Las antorchas flamean y llenan el bosque de sombras y de púrpura.  Jesús, seguido de sus discípulos, avanza con paso sereno y valeroso.  -  Pregunta:  “¿a quién buscáis?”  Ellos dijeron:  “A Jesús Nazareno.”  Respondió Jesús:  “Ya os dije que soy yo, si pues, me buscáis a mi, dejad ir a estos.”  (Jn 18: 7 – 8)

PADRENUESTRO...

10 AVEMARÍAS

GLORIA AL PADRE...

Oh Jesús mio...

2do. MISTERIO DOLOROSO LOS AZOTES QUE PADECIO JESUS ATADO A UNA COLUMNA Jn. 18, 33-40; 19, 1

Te pedimos la virtud del dominio corporal.  La purificación de nuestro cuerpo Templo del Espíritu Santo.  La gracia de siempre atender con entusiasmo y perfección a los llamados de Dios, a fin de no seguir jamás el ejemplo de Pilatos, mandando a flagelar a Jesús.

Jesús es despojado de sus vestidos.  Lo atan a un poste, y seis soldados se encargan de golpearle de dos en dos sucesivamente; primero en la espalda, luego los azotes se los dan en el pecho.  La piel se entumece, se desgarra…  La sangre le brota por todas partes.  Terminan los azotes.  Lo desatan.  Su cuerpo magullado cae inerte por tierra.

¡Oh, Jesús mío! Dame fuerza si mi pobre naturaleza se rebela algún día ante el peligro inminente, para que pueda abrazar con amor las penas y las miserias de esta vida de destierro.  Me uno con todo mi corazón a tus méritos, a tus penas, a tu expiación, a tus lágrimas… a fin de poder cooperar contigo en la obra de al redención y tener la valentía de huir del pecado, causa única de tu agonía, de tu sudor sangriento y de tu muerte.

Jesús continúa tirado en el suelo.  Nadie hay para levantarlo.  Nuestras culpas y los golpes le han dejado exánime.  El pueblo brutalmente amotinado a su derredor, pide:  ¡Crucificadle…!; ¡Crucificadle…! (Mc. 27: 23)

PADRENUESTRO...

10 AVEMARÍAS

GLORIA AL PADRE...

Oh Jesús mio...

3er. MISTERIO DOLOROSO LA DOLOROSA CORONACION DE ESPINAS QUE SUFRIO JESUS Mc. 15, 16-20

Te pedimos la virtud de la rectitud mental.  La gracia de soportar con humildad y resignación las  injurias y ofensas, aunque sean injustas, manteniendo  siempre, como Jesús lo hiciera, un alto sentido de  nuestra dignidad.

Jesús es conducido a una sala llena de columnas de piedra y revestido con un manto rojo, sin mangas.  Le sientan sobre una piedra tallada y colocándole sobre su cabeza la corona de espinas, se la ensartan al cráneo a fuerza de golpes.  (Mt. 27: 29)

Las facciones de Jesús se contraen por el exceso de dolor y la sangre corre por su frente.  Los sayones, más brutos que hombres, ponen entre sus manos atadas, un trozo de leño, a manera de cetro, y se ríen de El, le hacen reverencias de burla, y le escupen…Y le pegan en el rostro.  (Mc. 27: 30)

Jesús casi no puede respirar, se ahoga, abre de tanto en tanto la boca y un miserable le escupe en sus labios.  El divino mártir calla.  Levanta alguna vez los ojos al cielo…hállase profundamente entristecido y quebrantado.  El pueblo continúa gritando cada vez en forma más ensordecedora:   ¡Crucificadle…!; ¡Crucificadle…!

PADRENUESTRO...

10 AVEMARÍAS

GLORIA AL PADRE...

Oh Jesús mio...

4to. MISTERIO DOLOROSO JESUS SUBE AL MONTE CALVARIO, CARGANDO PENOSAMENTE SU CRUZ Lc. 23, 26-32

Te pedimos la virtud de la paciencia. La gracia de la paciencia, el coraje y la fortaleza necesarias para cargar todas nuestras cruces.

La Virgen María va cubierta con una vestidura verde claro que le cae hasta los pies, una especie de velo muy amplio.  Síguenla varias mujeres y el discípulo llamado Juan.  La turba curiosa se arremolina por todas partes, Cristo viene allí cerca y cae a tierra.  Su Madre lo ve.  Un pequeño alto en la marcha ocurre.  El populacho no siente compasión de Jesús, le grita y le colma de injurias.  El corazón de la Virgen María es traspasado por un inmenso dolor.  Jesús avanza penosamente.  Un hombre llamado Simón, de Cirene, es obligado a ayudarle.  Se resiste pero, al ver el desastroso estado de Jesús, le ayuda llevando sobre su hombro la pesada cruz.  (Mt. 27: 32)  No todos le insultan y llenan de injurias.  Numerosas gentes del pueblo se compadecen al paso de Jesús y muchas mujeres, dando grandes voces, se lamentan por El.  Mientras…otros gritan, se burlan y le ofenden.  Jesús, vuelto hacia las mujeres y el grupo del pueblo que le compadece, les dice:  “Hijas de Jerusalén no lloréis por mi, llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos”.  (Lc. 23: 28)  Jesús reinicia la lenta y penosa subida a la cumbre del Monte Calvario…Dos malhechores le acompañan para ser también ejecutados.  (Lc. 23: 32)

PADRENUESTRO...

10 AVEMARÍAS

GLORIA AL PADRE...

Oh Jesús mio...

5to. MISTERIO DOLOROSO LA CRUCIFIXION Y MUERTE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO Lc. 23, 33-46

Te pedimos la virtud de la aceptación de la voluntad Divina.  La gracia de la conversión de los pecadores (hacer mención de alguien que conozcamos y que esté en pecado, pidiendo por su pronta conversión), la perseverancia de los justos y el alivio de las almas del purgatorio (recordar a nuestros familiares y amigos que han muerto con la esperanza de la resurrección de así como pidamos por el alma más necesitada).

La cruz está extendida en el suelo.  Mandan a Jesucristo que se tienda en ella.  Primero las manos le son amarradas con cuerdas.  Tomándole los dedos de la mano derecha, colocan un clavo sobre su palma, cerca de la muñeca y en forma salvaje, a golpes, le clavan a la cruz.  Intentan hacer lo mismo con la izquierda, pero se dan cuenta que puesta no llega hasta el agujero hecho de antemano en el madero.  Un soldado se pone de rodillas sobre el pecho de Jesucristo y deja caer todo su peso.  Otro estira el brazo e hinca el clavo con fuerza brutal….

La Virgen Santísima, Juan y las otras dos Marías, ante este terrible espectáculo y oír los martillazos, ven penetrados sus corazones con dolores indecibles.  El Señor dobla sus piernas y siente horribles contracciones.  Por medio de cuerdas, los verdugos las estiran de nuevo y sus pies son clavados en un sostén de madera.

Estaban junto a la cruz de Jesús su Santa Madre la Virgen María y la hermana de su madre, María la mujer de Cleofás y María Magdalena; (Jn. 19: 25) a la izquierda Juan, el discípulo amado.  Jesús ve que Juan se aproxima a sostener a la Virgen María, su Madre, a quien le dice:  “Mujer, he ahí a tu hijo.”  Luego dirigiéndose al discípulo:  “He ahí a tu Madre.”  Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.  (Jn. 19: 27)

Un poco abajo, hacia un lado, unos soldados echan a suertes la túnica; (Mc. 15: 24) cumpliéndose así la antigua profecía.

La cruz del crepúsculo es débil.  La chusma lanza aullidos infames.  Jesús ve a su Madre angustiada por el dolor.  Jesús mira al soldado Longinos acercarse con una caña, en cuya punta lleva una esponja empapada en vinagre.  La acerca a la boca del moribundo Jesús, quien da muestras de una sed abrasadora.  Jesús moja sus labios con el vinagre y dice:  “Todo está consumado”, (Jn. 19;30) Y Jesús, dando una gran voz dijo:  “Padre, en tus manos entrego mi espíritu”; y diciendo esto expiró.  (Lc. 23: 46)  La tierra tiembla, la naturaleza se estremece, un huracán se desata con violencia, la lluvia golpea con furia.  La tierra se abre y todo se cubre de sombras y espanto.

El centurión romano y los que con él guardaban a Jesús, viendo el terremoto y cuanto había sucedido, sintieron mucho miedo y decían:  “verdaderamente, éste era hijo de Dios”.  (Mt. 27: 54)

Llegada la tarde, un hombre rico de Arimatea, llamado José, quien había obtenido el permiso de Pilato para sepultar a Jesús, lo baja de la cruz.  Envuelve el cuerpo inerte a lo largo con una larga sábana y lo lleva a una cueva cavada en la roca, donde ninguno había sido aún sepultado.  (Lc. 23: 53)  Respetuosamente deposita el cuerpo sobre un muro.  Al salir volvió la piedra sobre la entrada del monumento.  (Mc. 15: 46)

PADRENUESTRO...

10 AVEMARÍAS

GLORIA AL PADRE...

Oh Jesús mio...

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María! Ruega por nosotros Santa Madre de Dios para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amen.

¡Oh Dios, cuyo Hijo unigénito nos mereció con su vida, pasión, muerte y resurrección el premio de la vida eterna; concédenos, a los que hemos meditado los misterios del Santo Rosario de la Bienaventurada Virgen María, imitar lo que contienen y alcanzar lo que prometen. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

+En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Meditación recomendada para la hora de guardia.

TERCERA PARTE

MISTERIOS DOLOROSOS

Esta tercera parte se ofrece por los AGONIZANTES.

ORACIÓN

A tu lado, Madre querida, quiero recorrer los caminos de dolor que tuvo que andar tu Santísimo Hijo.   Sus palabras, sus penas y su misma sangre, quiero recibirlas de tus propias manos.  Como sufrió por mí y por mí murió, sé que algo me pertenece y quiero tomar mi parte.  Pero no la quiero solamente para mí, sino para ofrecerla por todos los agonizantes y especialmente por los  de esta hora. Que no desfallezcan en la fe; que no les domine la desesperación; que digan llenos de confianza: Hágase, Señor, tu voluntad. Hijos pecadores, hijos pródigos, son los que en estos instantes se hallan en agonía; pero también eres madre. Que tus ojos recojan a tus hijos, y que la caricia de tu mano seque el sudor de su agonía. Vuelve hacia ellos tus ojos misericordiosos dulcísima Madre de los moribundos y los agonizantes.   Amén.

Luego de anunciarse cada misterio:

María consuelo de los afligidos, ruega por los agonizantes.

Un Padrenuestro, diez Ave Marías y un Gloria.

Después de rezar la decena se dirá:

Corazón Sacratísimo de Jesús, ten piedad de los agonizantes.

Corazón Inmaculado de María, ruega por los agonizantes.

PRIMER  MISTERIO DOLOROSO:  JESÚS ORA EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS

Antífona:

Comenzó a entristecerse; y el sudor en el huerto parecía gotas de sangre.

Contemplemos en espíritu a nuestro Salvador prosternado en tierra allá en el Huerto de los Olivos; durante tres horas, permanece en oración: en ella experimenta una tristeza mortal y una cruel agonía.   Pide a su Padre que aleje de sus labios el amargo cáliz absolviéndole de los crueles tormentos de !a Pasión. Sin embargo, el amor que siente hacia nosotros le hace exclamar: Padre mío, que no se haga mi voluntad, sino la tuya.

¡Divino Jesús! Por tu dolorosísima agonía te suplico que te prestes favorable a los agonizantes. Que esa debilidad tuya les preste aliento, que tu ejemplo los mueva piadosamente a someterse rendidos a la voluntad de Dios, ofreciéndole sus vidas en sacrificio.

SEGUNDO MISTERIO DOLOROSO: JESÚS ES FLAGELADO ATADO A LA COLUMNA

Antífona:

Pilato apresó a Jesús y ordenó flagelarlo.  Jesús, despojado de todas sus vestiduras y ama­rrado a una columna, es azotado con inaudita crueldad. Los verdugos rasgan aquel tierno y delicadísimo cuerpo y de tal manera !e cubren por todas partes de heridas, que unidas unas a otras no se ve sino una grande llaga.

Nuestros pecados, ¡Divino Salvador!, nuestros pecados han armado a tus verdugos con los instrumentos de tu suplicio y los han autorizado para tra­tarte con tanta barbarie. Te pedimos, pues, Señor, perdón sincero.

También nos atrevemos a interceder por los que están en agonía, para que !es concedas un verdadero arrepentimiento de todas sus faltas, a fin de que antes de morir obtengan, de todas ellas, la remisión por tu gran misericordia.

TERCER MISTERIO DOLOROSO: JESÚS ES CORONADO DE ESPINAS

Antífona:

Los soldados, trenzando una corona de espinas, la pusieron sobre su cabeza.  Entregado JESÚS en manos de los soldados, fue tratado por ello, como un rey de burlas. Le cubren con un viejo manto púrpura, colocan en sus manos una caña y le clavan profundamente una corona de espinas en la cabeza.

¡Rey de gloria!, yo te adoro como a mi creador, como a soberano Dueño del cielo y de la tierra.   Aumenta, Señor, esta fe en mi alma y robustécela en las almas de los agonizantes a fin de que esta virtud, indispensable para !a salud eterna, no se extinga jamás ni en mí, ni en ellos con las sugestiones malignas del enemigo.

CUARTO MISTERIO DOLOROSO:  JESÚS CON LA CRUZ   A  CUESTAS

Antífona:

Cargaron sobre sus hombros una pesada cruz.  Condenado el Divino Salvador a muerte de cruz, toma sobre sus hombros este instrumento de suplicio, mas como sus fuerzas estaban tan abatidas por la mucha sangre derramada en la flagelación, cae una, dos y tres veces bajo el pesado leño.

¡Dulcísimo Jesús! que llevaste sobre tu espaldas el enorme peso de mis pecados, dame valor y resignación para llevar a mi vez las penas de esta vida, ya que no son otra cosa que la participación de tu cruz. Concédele también a los agonizantes, fuerzas para soportar con resignación cristiana las penas y enfermedades que les acaban, a fin de que acompañándote al Calvario, tengamos todos la dicha de seguir siem­pre tus huellas para volver a juntarnos y alegrarnos contigo en la gloria de la eternidad.

QUINTO MISTERIO DOLOROSO:  LA CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE NUESTRO SEÑOR

Antífona:

Fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz. 

El Salvador del mundo se acuesta sobre la cruz; sus verdugos con gruesos clavos le sujetan los pies y las manos al leño sagrado y atraviesan aquel divino costado con férrea lanza.

Y ¿podré yo, mi amantísimo Redentor, contemplarte en tan lastimoso estado sin experimentar afectos de amor o de dolor? ¿Podré yo mirarte en esa cruz sin derramar lágrimas de  arrepentimiento y dolor?

En memoria de tus acerbos dolores te suplico que comuniques estos afectos de amor y de dolor a todos los que se hallan en agonía. Sí, que todos, en el tran­ce de la muerte, te contemplen con fe viva y con el corazón embriagado de dolor de sus pecados, de esperanza, arrepentimiento y de amor,  a ti; viéndote colgado en ese  leño de la cruz, para que te amen con sincero amor, en aquella hora última; y así comiencen desde ese supremo instante a amarte para una feliz eternidad.

 

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