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El Santo Rosario

Misterios Gloriosos

Se Contemplan los dias Miercoles y Domingos

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Para su conveniencia marque cada cuadrito después de haber meditado cada una de las oraciones.

Este audio es parte de la coleccion: Ourmedia

Autor: Teofilo de Jesus
Creative Commons license: Attribution-NonCommercial-NoDerivs

 

SEÑAL DE LA CRUZ

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. +En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

SÍMBOLO DE LOS APÓSTOLES

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca mas pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

PADRENUESTRO...

3 AVEMARÍAS

GLORIA AL PADRE...

Oh Jesús mio, perdónanos nuestros pecados, sálvanos del fuego del infierno y guía todas las almas al Cielo, especialmente aquellas que necesitan más de tu misericordia.

1er. MISTERIO GLORIOSO LA GLORIOSA RESURRECCION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO Mt. 28, 5-7

Te pedimos la virtud de la audacia y la fortaleza. La gracia de tener siempre presente en nuestra memoria la escena de la Resurrección y del Juicio final, en el cual todos podrán conocer la totalidad de las obras de los hombres.

Empiezan a verse en el cielo las primeras pinceladas de los arreboles del sol.  Todavía hay tinieblas en algunos lugares de la tierra.  Mientras tanto, en la oscuridad de la cueva sepulcral, la bella y tenue luminosidad celeste que rodea el cuerpo inerte de Jesucristo ha empezado a palpitar, agudizándose hacia el blanco resplandeciente, hasta que en silencioso estallido luminoso, brilla el nuevo Sol de la Humanidad.

Jesucristo está en pie, revestido de una túnica de un blanco purísimo.  En sus manos, pues y costado se ven las huellas de los clavos y de la lanzada que sufrió en la cruz.  Sobre la mesa sepulcral, la sábana que lo envolvía ha quedado impregnada de su sangre y de las señales de la tortura sufrida.  Hasta el “lituus”, la moneda que cubría su ojo derecho ha quedado impresa en la tela.

Jesucristo, gloriosamente, ha resucitado.  Su cuerpo sutil traspasa la roca y su brillo deslumbra y llena de temor a los soldados romanos que custodian la piedra que cubre la entrada del sepulcro.  María Magdalena, Salomé y María, la de Santiago, han comprado aceite de oliva, aloe y mirra para ir a ungir el cadáver de Jesús.  Cuando muy de madrugada van al sepulcro, se decían entre sí:  “¿Quién nos removerá la piedra?”  En ese momento acontece un fuerte temblor de tierra.  Llegan y ven que la piedra está removida.  Ellas están perplejas, desconcertadas.  (Mc. 16: 1 – 4)

En la entrada de la cueva, dos ángeles se les aparecen, deslumbrantes.  El que está sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca, les dice:  “No temáis vosotras pues sé que buscáis a Jesús el crucificado; ha resucitado según había dicho.  No está aquí.  Id luego y decidlo a sus discípulos y a Pedro, que os precederá a Galilea; allí le veréis; como os ha dicho.”  (Mc. 16: 5 – 8)  “Es todo lo que teníamos que decirles.”

Con gran apresuramiento y visiblemente alteradas regresan al cenáculo a contar los discípulos que aún lloraban por todo lo acontecido a Jesús.  Pedro y Juan van a comprobar lo dicho por las mujeres, ven que es cierto y regresan. 

Los discípulos de Emaús regresan al cenáculo y narran como se les apareció Jesús, contando lo que les había pasado en el camino y cómo lo reconocieron en al fracción del pan.  (Lc. 24: 33 – 35)  Los presentes les dicen:  “Les creemos, porque en verdad ha resucitado.   El también se apareció a Simón.”

Todavía están hablando cuando Jesús aparece…Reacción de gozo y terror.  Hay un instante en que se transforma todo.  Puesto en medio de ellos les dijo:  “La paz sea con vosotros.”  Todos creen en Jesús y comienzan a entender sus palabras.  (Jn. 20: 19)  Momentos después se desvaneció en el aire.

Pocos días después, Tomas, que no estuve presente en la primera aparición, no cree.  Ha transcurrido una semana desde la resurrección.  Jesús se aparece nuevamente a los discípulos, estando todas las puertas cerradas.  Y colocado en medio de ellos dice:  “La paz sea con vosotros.”  Y dirigiéndose a Tomas le dice:  “Mete tu dedo en mi mano, y tu mano en mi costado.  No quieras ser incrédulo sino fiel”.  Tomas exclama:  “Señor mío y Dios mío”.  Jesús le dice:  “Porque me has visto, has creído.  Dichosos los que sin ver, creyeron.”  (Jn. 20: 26 – 29)

PADRENUESTRO...

10 AVEMARÍAS

GLORIA AL PADRE...

Oh Jesús mio...

2do. MISTERIO GLORIOSO LA GLORIOSA ASCENSION DE JESUCRISTO A LOS CIELOS Hechos 1, 6-11

Te pedimos la virtud del celo apostólico.  La gracia de tener constantemente un ardiente deseo de ir para el cielo, con nuestros cuerpos glorificados.

Jesús resucitado, está rodeado de sus discípulos y les dice:  “Juan bautizó con agua, pero vosotros, pasados no muchos días seréis bautizados en el Espíritu Santo.  No os toca a vosotros conocer los tiempos ni los momentos que el Padre ha fijado en virtud de su poder soberano”.  (Act. 1: 5, 7)

Jesús, de pie, se dirige a los apóstoles y nuevamente les dice:  “recibiréis la virtud del Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los extremos de la tierra”.  (Act. 1:8)  “Diciendo esto y viéndolo ellos, empezó a elevarse y una nube del cielo le ocultó a sus ojos”.  (Act. 1:9)

Mientras estaban mirando la nube que se elevaba al cielo, ésta dejó ver a Jesús, radiante, con vestidos blancos y luminosos.  Dos varones con hábitos, también blancos como la nieve, se pusieron delante de ellos y les dijeron:  “Ese Jesús que ha sido llevado de entre vosotros al cielo vendrá así como le habéis visto ir”.  (Act. 1: 10 – 11)

PADRENUESTRO...

10 AVEMARÍAS

GLORIA AL PADRE...

Oh Jesús mio...

3er. MISTERIO GLORIOSO EL ESPIRITU SANTO EN FORMA DE LENGUAS DE FUEGO, DESCIENDE SOBRE LOS APOSTOLES Hechos 2, 1-8

Te pedimos la Virtud  de mando y orden.  Obtener la plenitud de los dones que de tal manera transformaron a los discípulos de Jesús y así podamos cumplir nuestra misión con perfección.

Numeroso pueblo se encuentra reunido en Jerusalén.  Miles de viajeros hay por toda la ciudad.  Se celebra una de las fiestas nacionales impuestas  por la ley y la de este día es la de Pentecostés, con lo cual se conmemora la “Fiesta de las Semanas”  y la “Promulgación de los 10 mandamientos en el Sinaí”.  Además, es el momento de agradecer a Dios por finalizar bien la recolección de las cosechas.

Los apóstoles y la Virgen María, Madre de Jesús, se encuentran reunidos en el cenáculo.  Está también Matías, el nuevo apóstol elegido para sustituir a Judas.

Un violeto ruido se escucha en todos los rumbos de la ciudad.  Un rumor, como de tempestad, va pasando sobre los techos de las casas de todo Jerusalén y todos miran asombrados hacia el cielo.  El estruendo parece concentrarse en una casa.  Los apóstoles están todos reunidos, tal como les había ordenado el Señor.

De pronto un poderoso trueno y un impetuoso viento invadió todas las casas vecinas, concentrándose finalmente sobre la sala donde estaban los apóstoles.  Todos están en oración llenos de temor.  De pronto una masa de fuego incandescente aparee en lo alto de la sala, dividiéndose en lenguas de fuego que se posa en cada una de los allí reunidos, quedando todos llenos del Espíritu Santo.  (Act. 2: 1 – 4)

El pueblo se congrega frente a la casa.  Allí hay hombres de todas las regiones.  Mercaderes de las caravanas que habían llegado con ocasión de las fiestas:  hebreos, etíopes, egipcios, romanos, medos, libios, en fin de todas las regiones conocidas.  Todos miran expectantes la puerta que se abre.  Los apóstoles salen al exterior.

Pedro se adelanta, alza la voz y la muchedumbre queda confusa al oírlo.   Todos se preguntaban estupefactos:  “¿Cómo puede ser que todos, hasta los forasteros  romanos, judíos, y árabes lo escuchen hablar en sus propias lenguas las grandezas de Dios?”  (Act. 2: 5 – 12)

Y Pedro dice:  “Varones Israelitas, escuchad estas palabras:  Jesús de Nazareth, varón probado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por El en medio de vosotros, como vosotros mismos sabéis, según los designios de la presencia de Dios, le alzasteis en la cruz y le disteis muerte por mano de los infieles.  Pero Dios, rotas las ataduras de la muerte, le resucitó, por cuanto no era posible que fuera dominado por ella…” (Act. 2: 22 – 24)  Así, Pedro continuó por largo rato su discurso el cual todos entendieron en su propia lengua.  Y de esta manera se empezó a predicar en su propio idioma, la “palabra de Dios”, a todos los pueblos de la tierra.

PADRENUESTRO...

10 AVEMARÍAS

GLORIA AL PADRE...

Oh Jesús mio...

4to.MISTERIO GLORIOSO LA ASUNCION DE LA VIRGEN MARIA EN CUERPO Y ALMA A LOS CIELOS Apoc. 12, 1-10 Cant. 2:10; 4:7 Judit 15: 9-10

Te pedimos la buena muerte. Pidamos una ardorosa y tierna devoción a María, nuestra querida y tan buena Madre.

San Alfonso María de Ligorío considera la escena de la venida del Redentor al encuentro de la Virgen María:  “Levántate, querida Madre, hermosa y pura; deja ese valle de lágrimas donde tanto has padecido por mi amor…Ven a gozar la recompensa de tu santa vida, Ven, para colocarte junto a mi, ven a recibir la corona que te daré como Reina del Universo…”

Oid que me dice:  “Levántate ya amada mía, hermosa mía y ven…Eres del todo hermosa, amada mía, no hay tacha en ti”… (Cant. 2:10; 4:7)  …Tú, orgullo de Jerusalén; tú, gloria de Israel; tú, honra de nuestra nación…Que se complazca Dios en ella.  Bendita seas tú del Señor omnipotente por siempre jamás.  (Judith 15: 9 – 10)

San Juan Damasceno completa la escena diciendo:  “…el Creador del Universo recibió en sus manos a la Virgen sacrosanta que partía para la gloria.  El hálito de la corrupción no la manchó.  El cuerpo permaneció incólume,  Como el Sol, cuando lo eclipsa una nube parece haberse oscurecido, pero en realidad continúa brillando en todo su esplendor, así, Ella, fuente de la verdadera luz, inagotable tesoro de la vida, si la muerte veló un tanto su grandeza, no pudo apagar los destellos de la inmensa luz y de la vida inmortal que posee.  No le llamaremos muerte a su tránsito, sino más bien dormición”.

Meditemos con San Bernardo:  Al subir al cielo la Virgen gloriosa, colmó con copiosos aumentos el gozo de los ángeles del cielo…Si el alma de un parvulito, no nacido aún, saltó de gozo al escuchar su voz, cuál,  pensamos, sería el gozo de los ejércitos celestiales, cuando merecieron escuchar su voz, ver su rostro y gozar para siempre de su dichosa presencia?

PADRENUESTRO...

10 AVEMARÍAS

GLORIA AL PADRE...

Oh Jesús mio...

5to. MISTERIO GLORIOSO LA GLORIOSA CORONACION CELESTIAL DE LA VIRGEN MARIA, COMO REINA DE LA CREACION Eclo. 24, 22-28 30-31 Apoc.1:12, 1

Te pedimos perseverancia y la Corona de la Gloria.

La Santísima Virgen María mira por vez primera la brillante luz de la Puerta del Cielo.  Su pureza virginal aumenta su belleza y su propia y extraordinaria luminosidad le deja entrar y le lleva en un impulso incontenible directamente ante el Trono de Dios.

Allí, humanamente, queda sombrada ante la majestuosidad de la incomparable y eterna Luz brillante, divina e irresistible de la mirada amorosa de Dios, en su Hijo Jesucristo;  y de la Luz inmarcesible de su esposo, Dios Espíritu Santo.  La Virgen contempla con toda humildad y gozo la presencia viva de la Santísima Trinidad de Dios.

Le indican que se acerque.  Arriba la Luz viva, incandescente y eterna de Dios Padre; a su lado Jesucristo, Dios Hijo; y cubriéndola con su Luz inmarcesible su sombra, el Espíritu Santo.  Frente a ella le rodean los Serafines,  Querubines, Tronos, Dominaciones, Virtudes, Potestades, Principados, Arcángeles, Angeles y todos los Santos y Justos que están en el Cielo.  Todos se arrodillan cuando la voz solemne y misteriosa surge de la Luz Divina de Dios Padre, coronándola como:   Reina de los Angeles, Reina de los Patriarcas, Reina de los Profetas, Reina de los Apóstoles, Reina de los Confesores, Reina de los Santos y Reina de todo lo creado en el Universo.  “…Y una gran señal fue vista en el cielo, una mujer vestida de Sol, y la Luna debajo de sus pies y sobre su cabeza una corona de 12 estrellas.”  (Apoc. 1: 12. 1)

Han pasado casi 2000 años, en su última aparición en la Cova de Iría, Fátima, la Santísima Virgen dice a los 3 niños:  “Yo soy Nuestra Señora del Rosario, recen el Santo Rosario, corríjanse, hagan penitencia de sus culpas…Yo escucharé favorablemente sus oraciones”.  (Portugal, 13 de octubre de 1917)  en Siracusa, una pequeña imagen de la Virgen María, durante cuatro días derrama lágrimas de sangre.  Más de un millón de peregrinos acuden a postrarse a sus pies.  (Sicilia, 29 de agosto 1953)

La virgen María también llora, porque los hombres se entregan más al odio que al amor, a la envidia, más que a la concordia, al orgullo de raza, casta, clase, más que a la fraternidad.  El mundo no ruega, no sabe rezar, no doblega su frente a Dios, ni invoca al Espíritu Santo, porque le llena la soberbia.  ¡Oh, amor tierno, amor regalado, amor de Madre y más que de Madre!  Toda tu vida está unida a tu Divino Hijo Jesucristo.  Todo el tiempo de tu paso por la tierra y de tu vida en el cielo nos ha traído en tu pensamiento, gimiendo por nuestros pecados, pidiéndole a Dios que se apiade de nosotros.  Por el amor que tanto nos tienes, no nos desampares y protégenos con tu dulce mirada.  Amén.

PADRENUESTRO...

10 AVEMARÍAS

GLORIA AL PADRE...

Oh Jesús mio...

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María! Ruega por nosotros Santa Madre de Dios para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amen.

¡Oh Dios, cuyo Hijo unigénito nos mereció con su vida, pasión, muerte y resurrección el premio de la vida eterna; concédenos, a los que hemos meditado los misterios del Santo Rosario de la Bienaventurada Virgen María, imitar lo que contienen y alcanzar lo que prometen. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

+En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Meditación recomendada para la hora de guardia.

CUARTA PARTE

MISTERIOS GOZOSOS

Esta cuarta parte se ofrece por las almas del Purgatorio.

ORACIÓN

Siento con fe viva el dolor de las almas detenidas en el Purgatorio en expiación de sus pecados; y cono­ciendo el poder que tienes ante tu Santísimo Hijo, recurro a ti, Madre de misericordia, para que cuanto antes sean aliviados sus sufrimientos.

Para lograrlo, rezaré acompañándote y meditaré en esta CUARTA parte del Santo Ro­sario, la gloria infinita de tu Hijo al triunfar sobre todos los poderes: el de la muerte por su resurrección, el del pecado por su ascensión, el de la ignorancia por la venida del Espíritu Santo, el de la carne por tu asunción a los cielos y el de la voluntad humana por tu coronación como reina de todo lo creado.

Ilumina mi entendimiento, fortalece mi voluntad, y haz que mi oración sea digna, atenta y devota para que por su misericordia el Divino Redentor  conceda  la pronta liberación de las almas del Purgatorio. Amén.

Luego de anunciarse cada misterio:

María socorro de los cristianos, ruega por las almas del purgatorio.

Un Padrenuestro, diez Ave Marías y un Gloria.

Después de rezar la decena se dirá:

Corazón Sacratísimo de Jesús, ten piedad de las almas del purgatorio.

Corazón Inmaculado de María, ruega por las lamas del purgatorio.

PRIMER  MISTERIO GLORIOSO:RESURRECCIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

Antífona:

lAleluyal Alégrate, Virgen María, Cristo resucitó del sepulcro. !Aleluya!

Jesús resucita triunfante y glorioso al día tercero después de su muerte. Saca del Limbo las almas de los Santos, y otras que estaban en el Purgatorio. Después se presenta lleno de gloria a su divina Madre, proporcionándole con esta visita inefables consuelos.

lSalvador mío! ¡Que ventajoso es morir contigo, por la mortificación, para resucitar contigo en la gloria!

JESÚS te suplico muy de veras, que hagas sentir los efectos de tu triunfante resurrección a todas las almas del Purgatorio.

SEGUNDO MISTERIO GLORIOSO:  ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO A LOS CIELOS

Antífona:

Dios ascendió con júbilo, el Señor al son de trompeas. ¡Aleluya!

Subiendo Jesús al cielo, cuarenta días después de su Resurrección, nos ha mostrado con su ejemplo el camino y nos ha abierto las puertas mediante su cruz.

Elevemos nuestros ojos hacia ese trono de gloria a que El nos llama.

¡Dulcísimo Jesús! atráeme hacia Ti;  levanta  mi corazón al cielo, librándome de la tiranía del pecado.

Pero al mismo tiempo y en medio de las pompas de tu triunfo, escucha también, Salvador misericordioso, los gemidos de las almas que sufren en el Purgatorio.

TERCER MISTERIO GLORIOSO:  LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO SOBRE LOS APOSTOLES

Antífona:

El Espíritu del Señor llenó la faz de la tierra. ¡Aleluya!

El Salvador no olvida en medio de sus glorias a la Iglesia que ha dejado establecida en la tierra. Por eso le envía ahora su Santo Espíritu, y este Divino Espíritu descendiendo sobre los Apóstoles en el momento en que estos oraban, hace aparecer lenguas de fuego sobre sus cabezas, mostrándonos así que vino al mundo para abrazar los corazones en amor divino y habituarnos a hablar el lenguaje de los ángeles.

¡Buen Jesús! aparta de nosotros nuestro propio espíritu, y llénanos del tuyo. Haz también que el fuego de tu amor temple el fuego de tu justicia, y que las almas del Purgatorio, que actualmente aman a Dios en el dolor, lleguen ya al instante de amarlo en las alegrías de la gloria.

CUARTO MISTERIO GLORIOSO:  LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA EN CUERPO Y ALMA AL CIELO

Antífona:

María es transportada al cielo en alma y cuerpo. Alégranse los ángeles y bendicen al Señor. ¡Aleluya!

La Santísima Virgen, después de la Ascensión de su Hijo al cielo, pasó el resto de sus días entre penas y suspiros. Un transporte de amor puso fin a su vida; y su alma, reunida a su cuerpo, fue llevada al cielo y colocada sobre los coros de los ángeles.

Virgen María, anímanos a vivir santamente para que tengamos la dicha de morir con la muerte de los justos y merezcamos subir un día contigo al cielo. No olvides a las almas del Purgatorio en sus angustias; ellas esperan tu protección el fin de sus penas.

QUINTO MISTERIO GLORIOSO: CORONACIÓN DE NUESTRA SEÑORA COMO REINA DE TODO LO CREADO

Antífona:

María es exaltada sobre los coros celestiales, en su cabeza resplandece una corona de doce estrellas. ¡Aleluya!

Sentada la Santísima Virgen en su trono y coloca­da sobre todas las jerarquías del cielo, recibe de ma­nos de su Hijo la corona de la gloria. Entonces se declara Reina del cielo y de la tierra, y se le confían las llaves de los tesoros celestiales, para que los dis­tribuya a sus hijos según su voluntad.

¡Reina del Rosario! comunica tus infinitas rique­zas a las infelices almas del Purgatorio, extendiéndolas también a todos aquellos que han puesto en Ti su esperanza y toda su dicha en alabarte y honrarte.

 

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