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MISTERIOS DEL SANTO ROSARIO

Qué es el Rosario

Hasta ahora se ha considerado como la mejor definición del Rosario, la que dio el Sumo Pontífice San Pío V en su “Bula” de 1569. Dice así:

"El Rosario o salterio de la Santísima Virgen, es un modo piadosísimo de oración, al alcance de todos, que consiste en ir repitiendo el saludo que el ángel le dio a María; interponiendo un Padrenuestro entre cada diez Avemarías y tratando de ir meditando mientras tanto en la vida de nuestro Señor".

Hasta el año 2003 El Rosario constó de 15 Padrenuestros y de 150 Avemarías, en recuerdo de los 150 Salmos. En octubre del año 2002 al comenzar el vigésimo quinto aniversario del Pontificado del Papa Juan Pablo II firmó la carta apostólica “Rosarium Virginis Mariae” donde Añadió a la meditación del Santo Rosario cinco Misterios Luminosos invitando a toda la iglesia a rezar el Rosario junto a María contemplando la belleza del rostro de Cristo.

Historia del Rosario

1. El Dios te salve María ya se encontraba en el Misal Romano desde el año 650, como oración o antífona en la Misa del Cuarto Domingo de Adviento.

2. Desde el año 1100 al 1200 ya el rezo del Dios te Salve María, es muy frecuente en varios países y muchas personas que no podían rezar los 150 salmos (o sea, el Salterio) trataron de reemplazarlos diciendo 150 veces esta oración mariana.

3. Ya en el año 1483 se ha extendido por muchos países la costumbre de añadir el Santa María Madre de Dios, al Dios te salve María. Pero todavía no era costumbre general en ese tiempo rezar el Avemaría completa.

4. En el año 1569 el Papa Pío V prescribe y recomienda a todo el mundo el Rosario tal cual como se reza hoy: con sus Padrenuestros, Avemarías y Gloria.

5. Aunque Santo Domingo no es el inventor del Rosario, y aunque en tiempo de este santo todavía no se rezaba el Rosario completo como se reza ahora, lo cierto es que él y sus misioneros recomendaron mucho a las personas el repetirle frecuentemente a la Santísima Virgen el Dios te salve María y el pensar en los Misterios de la Vida, Pasión y Resurrección de nuestro Señor.

6. En el año 1569, el Papa Pío V con una carta o Encíclica dirigida a todos los cristianos del mundo recomienda rezar el Rosario de la manera como se reza ahora. Con esto quedaba consagrada esta devoción como algo propio de los buenos católicos.

7. Desde que el Papa Pío V recomienda a todo el mundo el rezo del Santo Rosario, recordando que con esta oración se han obtenido grandes triunfos en la guerra contra los infieles, y que esta devoción ha demostrado tener gran eficacia para detener las herejías y conseguir conversiones, y que toda persona fervorosa lo debe rezar frecuentemente, la costumbre de rezar el Rosario se vuelve popularísima en todas las naciones y su popularidad va aumentando año por año. Diez Pontífices lo siguen recomendando y muchísimos santos lo difunden por todas partes.

8. Desde el año 1878 hasta 1903 el Papa León Trece, gran sabio, se dedica a propagar más y más la devoción al Rosario. Este Pontífice llamado El Papa del Rosario, dedica 12 Encíclicas y 22 documentos menores a recomendar a los fieles el devoto rezo del Rosario. Y lo llama “La más agradable de las oraciones“. “Resumen del culto que se le debe tributar a la Virgen“. “Una manera fácil de hacer recordar a las almas sencillas los Dogmas principales de la fe cristiana“, “un modo eficaz de curar el demasiado apego terrenal“, y “un remedio para acostumbrarse a pensar en lo eterno que nos espera".

9. Pío XI (1937) dice que “el Rosario ocupa el primer puesto entre las devociones en honor a la Virgen y que sirve para progresar en la fe, la esperanza y la caridad".

10. En 1978 el Papa Juan Pablo II sorprendió al mundo, poco después de ser elegido Pontífice, con esta frase en la Plaza de San Pedro: “Mi oración preferida es el Rosario” (29 de octubre) y luego en muchísimas ocasiones fue recomendando esta hermosa práctica de piedad. Suyas son las siguientes exclamaciones: “El Rosario es una escalera para subir al cielo” (29 de octubre 1979). “El Rosario nos proporciona dos alas para elevarnos en la vida espiritual: la oración mental y la oración vocal” (29 abril 1979). “Es la oración más sencilla a la Virgen, pero la más llena de contenidos bíblicos” (21 octubre 1979). Cuando fue en peregrinación al Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya, Juan Pablo II hizo allá un bellísimo sermón acerca del Rosario. En él dijo: “El Rosario es nuestra oración predilecta. Cuando lo rezamos, está la Santísima Virgen rezando con nosotros. En el Rosario hacemos lo que hace María, meditamos en nuestro corazón los misterios de Cristo” (Lc 2, 19).

11. En octubre del año 2002 al comenzar el vigésimo quinto aniversario de su Pontificado el Papa Juan Pablo II firmó la carta apostólica “Rosarium Virginis Mariae” Añadió a la meditación del Santo Rosario cinco Misterios Luminosos invitando a toda la iglesia a rezar el Rosario junto a María contemplando la belleza del rostro de Cristo. Declaró universalmente “El año del Santo Rosario” de octubre de 2002 a octubre de 2003.

El Rosario, oración contemplativa

El Rosario, precisamente a partir de la experiencia de María, es una oración marcadamente contemplativa. Sin esta dimensión, se desnaturalizaría, como subrayó Pablo VI: "Sin contemplación, el Rosario es un cuerpo sin alma y su rezo corre el peligro de convertirse en mecánica repetición de fórmulas y de contradecir la advertencia de Jesús: "Cuando oréis, no seáis charlatanes como los paganos, que creen ser escuchados en virtud de su locuacidad" (Mt 6, 7). Por su naturaleza el rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso, que favorezca en quien ora la meditación de los misterios de la vida del Señor, vistos a través del corazón de Aquella que estuvo más cerca del Señor, y que desvelen su insondable riqueza".14

Es necesario detenernos en este profundo pensamiento de Pablo VI para poner de relieve algunas dimensiones del Rosario que definen mejor su carácter de contemplación cristológica.

Recordar a Cristo con María

La contemplación de María es ante todo un recordar. Conviene sin embargo entender esta palabra en el sentido bíblico de la memoria (zakar), que actualiza las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación. La Biblia es narración de acontecimientos salvíficos, que tienen su culmen en el propio Cristo. Estos acontecimientos no son solamente un 'ayer'; son también el 'hoy' de la salvación. Esta actualización se realiza en particular en la Liturgia: lo que Dios ha llevado a cabo hace siglos no concierne solamente a los testigos directos de los acontecimientos, sino que alcanza con su gracia a los hombres de cada época. Esto vale también, en cierto modo, para toda consideración piadosa de aquellos acontecimientos: "hacer memoria" de ellos en actitud de fe y amor significa abrirse a la gracia que Cristo nos ha alcanzado con sus misterios de vida, muerte y resurrección.

Por esto, mientras se reafirma con el Concilio Vaticano II que la Liturgia, como ejercicio del oficio sacerdotal de Cristo y culto público, es “la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza” ,15 también es necesario recordar que la vida espiritual “no se agota sólo con la participación en la sagrada Liturgia. El cristiano, llamado a orar en común, debe no obstante, entrar también en su interior para orar al Padre, que ve en lo escondido (cf. Mt 6, 6); más aún: según enseña el Apóstol, debe orar sin interrupción (cf. 1 Ts 5, 17)”.16 El Rosario, con su carácter específico, pertenece a este variado panorama de la oración 'incesante', y si la Liturgia, acción de Cristo y de la Iglesia, es acción salvífica por excelencia, el Rosario, en cuanto meditación sobre Cristo con María, es contemplación saludable. En efecto, penetrando, de misterio en misterio, en la vida del Redentor, hace que cuanto Él ha realizado y la Liturgia actualiza sea asimilado profundamente y forje la propia existencia.” Carta Apostólica “Rosarium Virginis Mariae” Juan Pablo II, Oct. 2002.

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